Tres repeticiones bien hechas

En aretē repetimos algo a menudo: es mejor hacer tres repeticiones bien hechas, con presencia, que diez sin conciencia o usando músculos que no queremos activar.
Suena obvio. No lo es.
La mayoría de personas que llegan a Pilates vienen de otros sitios donde aprendieron a contar. Una serie, dos series. Diez, doce, quince repeticiones. La cuenta como medida del esfuerzo. Cuanto más, mejor.
En Pilates eso no funciona. Y especialmente no funciona en aretē · ni en reformer ni en mat.
Cuando hacemos un movimiento, ya sea en el reformer con sus resortes o en el mat sobre el suelo, lo que importa no es el número. Importa qué músculos se están activando, en qué orden, con qué presencia. Una flexión de cadera mal hecha dispara el psoas y los flexores superficiales. Una flexión de cadera bien hecha activa el abdomen profundo, el suelo pélvico, los aductores. Mismo movimiento, cuerpo distinto, resultado distinto.
Hacer diez repeticiones de la versión mal ejecutada no te lleva al ejercicio bien ejecutado. Te lleva a hacer diez veces algo que no querías hacer.
Por eso nuestras prácticas no son rápidas. Por eso el coach te corrige. Por eso a veces hacemos solo tres repeticiones de algo, las miramos juntos, y volvemos a empezar.
Hay una palabra griega para esto: aretē. Excelencia. No como perfección, sino como la cualidad de hacer algo lo mejor que se puede hacer en cada momento. No es elitista · es lo contrario. Es accesible. Cualquier persona, en cualquier cuerpo, en cualquier modalidad, puede llevar presencia a tres repeticiones. Eso ya es excelencia.
La paradoja: las personas que practican así avanzan más rápido. Los músculos correctos se fortalecen. Los desequilibrios se corrigen. El cuerpo aprende. En unas semanas notas en cosas cotidianas · cómo te sientas, cómo recoges algo del suelo, cómo respiras subiendo escaleras · que tu cuerpo se ha movido a otra calidad.
Y todo empezó por hacer tres repeticiones en lugar de diez.
— el equipo de aretē


